Sociología de las religiones

por Álvaro Soler Martínez
publicado en www.sociologíainquieta.com

La religión es una variable fundamental de la vida social humana. Está presente en la totalidad de las organizaciones sociales que conocemos, pues hasta el ateísmo es una postura religiosa (en este caso la negación de la existencia de dios o deidad).

La visión religiosa de la humanidad posiblemente tenga su origen en el propio surgimiento de la conciencia humana. El inicio de los ritos funerarios o las representaciones simbólicas en forma de arte rupestre en los comienzos de nuestra especie, indican una sincronicidad entre los actos religiosos y el desarrollo de la conciencia. Así pues, estos primeros actos marcan el génesis de nuestro pensamiento abstracto, el cual está relacionado con la percepción que fuimos cobrando de nosotros y nosotras como individuos, pero también, como nos fuimos reconociendo como parte de un colectivo y de una basta realidad.

Asimismo, esta toma de conciencia primigenia nos arrojó hacia el caos de la existencia. De esta manera, como apuntan las primeras investigaciones antropológicas sobre la prehistoria, todo indica que los primeros retales de visión religiosa fueron surgiendo para dar sentido y significado a nuestra propia existencia humana, una existencia que se hacia preguntas así misma y se enfrentaba por primera vez a la incertidumbre, la incomprensión, la muerte y la injusticia.

En la actualidad, la religión es una parte fundamental de la vida de las personas. Mediante símbolos, expresiones culturales, reglas morales y espirituales, las religiones han sido una herramienta para poder hacer frente aquellas preguntas trascendentales que nos generan angustia como sociedad y como individuos: la muerte, el sentido de la vida, el sufrimiento, el obrar bien o mal, etc.

De este modo, muchas religiones tienen sus propias instituciones, así como espacios de culto (iglesia, mezquita, templo, sinagoga, salón del reino, etc). Cada religión se caracteriza por tener sus propias narrativas y mitos sagrados donde se pretende dar una explicación al sentido de la vida, al origen de la especie o de la propia realidad (universo). A partir de estas creencias sobre el cosmos o el propio origen de la naturaleza humana, se van componiendo complejos discursos de normas y conductas morales que conforman estilos de vida característicos de cada religión.

Hoy en día, existen aproximadamente 4200 religiones vivas y muchísimas más extintas. Una encuesta mundial de 2012 afirma que el 59 % de la población se considera religiosa y el 36 % no religiosos (con un 13% de ateos). Realmente, la diversidad en la religión al igual que en las propias culturas humanas es un tanto inabarcable.

La concepción de la religión en la sociología clásica

Siendo un elemento indispensable para comprender las sociedades humanas, los principales pensadores clásicos de la sociología: DurkheimMarx Weber desarrollaron profundos análisis sobre la naturaleza y los efectos de la religión en la sociedad. A continuación, analizaremos la visión que tenía cada uno sobre la religión:

Karl Marx y religión

Marx realizó un exhaustivo análisis (el más importante e influente) sobre el capitalismo del siglo XIX y sus características socioeconómicas más profundas.

Un concepto vital para el pensador alemán era la alienación. De esta manera, en el trabajo artesanal el artesano participaba plenamente desde que tenía una materia prima hasta que la misma a través del proceso productivo se convertía en mercancía. Pero esto cambia con el trabajo industrial, ya que el propio trabajador pierde el control sobre la mercancía final que se obtiene en el proceso productivo ,y justamente esto, es el resultado de la alienación en el trabajo. Es decir, el producto pasa a dominar al trabajador, el trabajador pasa a ser una parte más de la cadena de producción capitalista y se transforma en un siervo del objeto que antes producía en su totalidad el mismo.

Por tanto, Marx concebía la alienación como una parte central de un sistema de desigualdad social y explotación que se vertebraba en el capitalismo. Es decir, las personas viven alienadas y bajo la explotación del propio sistema y, en cierta manera, son inconscientes de su condición de explotadas. De esta forma, para el alemán, la religión era el “opio del pueblo” y jugaba un papel fundamental en la alienación de la clase trabajadora: la religión cumplía una función social anestésica.

Así pues, para las clases oprimidas, la religión era la respuesta espiritual a alienación. Por otro lado, para las clases capitalistas (dominantes), la religión era usada para autojustificar sus acciones y su ideología. Es decir, era utilizada para justificar el orden establecido y el egoísmo material de la propiedad burguesa, contribuyendo así a su hegemonía.

Por tanto, según Marx, la religión es una poderosa fuerza que ayuda a consolidar y perpetuar el rol dominante de las clases sociales altas. De este modo, la abolición de la religión supondría la verdadera felicidad real y sería uno de los pasos a seguir para poner fin a la felicidad ilusoria que esta misma genera. En resumen, para el pensador alemán, las personas son guiadas de manera más justa y adecuada por la razón, siendo la religión un obstáculo para el pensamiento racional y, además, la propia religión se presenta como un factor determinante en la perpetuación/justificación de las relaciones de desigualdad social.

Émile Durkheim y la religión

El sociólogo francés Emile Durkheim se autodefinía como positivista y se reafirmaba en su posición de científico. Para Durkheim, uno de sus principales objetivos era descubrir las variables que explican la cohesión de las sociedades modernas.

Durkheim era un claro representante del racionalismo francés e investigó durante más de 10 años las religiones que el consideraba primitivas, en este caso, se centró en el estudio de los indígenas australianos. Su investigación se basaba en la información que obtenía de fuentes secundarías antropológicas o los relatos de los misioneros. El interés de esta investigación recaía en descubrir las formas elementales de la religión: una especie de leyes o dogmas universales que fueran extrapolables a todas las sociedades humanas.

De esta manera, para Durkheim la religión no reside únicamente en el plano imaginario; al ser una expresión social es un fenómeno real, tangible y universal (no hay ninguna sociedad sin religión).

El sociólogo francés da una explicación social de la religión: Nosotros y nosotras como individuos percibimos la existencia de unas fuerzas más poderosas que escapan a nuestra condición individual. Estas fuerzas son según Durkheim la dimensión social a la que le atribuimos rasgos sobrenaturales. Esto nos lleva a expresar nuestra colectividad a través de los ritos y la simbología religiosa. De esta forma, la religión sería el resultado de la interacción de nuestras conciencias individuales, la cual, genera una realidad propia que se expresa a través de los ritos, símbolos, y cosmovisiones religiosas.

Asimismo, en su obra Las formas elementales de vida religiosa, el francés realiza la siguiente definición sobre la religión: “Una religión es un sistema unificado de creencias y prácticas referidas a cosas sagradas, es decir, que se separan y prohíben, creencias y prácticas que unen sus adherentes en una comunidad moral singular llamada Iglesia”. Por tanto, la definición de Durkheim es de tipo funcional ya que explica el rol que ocupa la religión en la vida social (unificar a las sociedades).

Por último, concretar que la definición de Durkheim no acota lo que debe considerarse como “sagrado”. De este modo, se ha adaptado su modelo y se ha aplicado fuera del campo de lo que estrictamente son las religiones o los grupos religiosos. Las nociones de “religión civil” o “religión de estado” tienen su origen en la concepción de Durkheim. Si utilizamos como ejemplo a Estados Unidos, se puede entender que la sociedad norteamericana tiene un conjunto propio de objetos o símbolos “sagrados” que no están vinculados con lo tradicionalmente religioso: la propia bandera americana, Abraham Lincoln, Martin Luther King, etc. Este modo de “sacralización” es extrapolable a todas las sociedades y ámbitos y puede darse sobre organizaciones deportivas, grandes empresas o incluso artistas.

Max Weber y la religión

El sociólogo Max Weber no investigó acerca de la esencia de la religión, más bien se centró en las ideas religiosas y como influyen en los grupos sociales y principalmente en la economía. Al contrario que Durkheim, Weber no es positivista y no cree que a través de la sociología se puedan encontrar leyes universales.

Para Weber, la religión alberga la capacidad suficiente para construir la visión que un individuo tiene del mundo que le rodea. Esta representación que hace del mundo afectará a sus intereses y a las acciones que decida realizar.

Además, el sociólogo alemán nos indica que la religión puede comprenderse mejor si entendemos la “teodicea” (Parte de la metafísica que se ocupa de la existencia de Dios y de sus atributos e intenta ofrecer pruebas razonadas de ambas cosas; también intenta investigar las relaciones de Dios con la humanidad) y “la soteriología” (la rama de la teología que estudia la salvación).

La primera de ellas, “la teodicea”, intenta responder al problema de reconciliar el poder y la perfección de dios con nuestra realidad imperfecta, donde abunda el infortunio y el sufrimiento. La segunda, la “soteriología”, es decir, la búsqueda de la salvación, es una de las variables centrales de la religión y uno de los principales motores de la motivación humana.

Debido a esta última concepción, Weber argumenta una de sus tesis más famosas: ya que la religión contribuye a definir la motivación, el sociólogo alemán apunta a la influencia del protestantismo en el surgimiento del capitalismo.

De esta manera, según esta tesis, el capitalismo se originó en Europa en parte a la interpretación de la creencia en la predestinación del puritanismo inglés (Calvino y la doctrina de la predestinación. En el siglo XVI el francés Juan Calvino (1483-1564) enuncia su doctrina de la predestinación según la cual el ser humano está predestinado de antemano a condenarse o salvarse. El dinero y el poder se convierten en los indicadores de la “calidad humana”).

Según Weber, esta postura generaba angustia en las personas protestantes. Los fieles necesitaban alguna manera de saber si serían salvados para la eternidad o no. De este modo, los lideres religiosos puritanos empezaron a predicar con la idea de que si los negocios eran exitosos esto era una señal de la aprobación divina y una futura salvación.

Así pues, esto habría conducido al surgimiento de una contabilidad racional y una búsqueda concienzuda del éxito financiero, siendo este proceso el génesis del “espíritu del capitalismo”. Finalmente, con el transcurso del tiempo, las costumbres surgidas del protestantismo se desligaron de su origen religioso y la búsqueda del beneficio se transformó en una finalidad por sí misma (este párrafo tan solo es una aproximación resumida de una tesis muy amplia y difícil de resumir: la obra de Weber titulada la “Ética protestante” sigue siendo objeto de debate intenso en la sociología moderna).

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